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Emerxentes con María Casals: “Lo que un día me hizo llorar, hoy sirve para curarme”

“Este va a ser mi año. Lo sé”. María Casals (Ceceda, 1997) levanta la copa para brindar con sus amigas de toda la vida en los sillones del Toma 3. Acaba de tocar en público por primera vez sus últimas composiciones, cuatro temas que superan el R&B de sus anteriores lanzamientos, con notas que se desplazan hacia el pop y hasta la bachata. Cuatro temas sobre la superación de un duelo, de los que por el momento solo ha publicado uno, ‘Rara’. “Lo que un día me hizo llorar / hoy sirve para curarme”, le canta Casals a su pasado en este tema, el “más personal”, en el que no solo rompe con su trayectoria musical, sino vital.

Lejos han quedado ya aquellos temas adolescentes en los que tiraba de falsetes y sus agudos, tratando de imitar la música inglesa que llenaba las listas de su viejo Ipod rosa. Ha tardado casi cuatro años en sacar nueva música, con la excepción de la balada romántica ‘Paris (2023)’ y alguna colaboración: ‘El Cielo’ ft. Ali Abellán; ‘Fa la la la’ ft. Ariam; ‘Superficial’ ft. Pilar Moxó. Cuatro años en los que su vida ha dado un giro de 180 grados.

La música es la mayor constante en la vida de María Casals. Desde el pueblo de Ceceda, los viajes a visitar a su familia paterna en Cataluña o en su casa después de mudarse a Xixón, todos sus recuerdos llevan las melodías de su padre a la guitarra o su abuelo cantando un ‘Xixón del Alma’. De hecho, siempre que puede, sube al uno o al otro al escenario a compartir un momento musical con ella. En su adolescencia siempre la acompañaban la guitarra o el ukelele y forraba sus libretas con fotos de Queen. Con tan solo 16 años emigró a Inglaterra para estudiar música y allí residió durante los siguientes siete años. La música era el plan A y el único plan de la vida de Casals.

María Casals cantando con su padre durante un showcase en el Toma 3

“Durante mucho tiempo estuve rodeada de influencias que no eran buenas para mí. Sentía que la música que hacía tenía que ser perfecta y me importaba demasiado lo que los demás pensaban de ella”, reflexiona. Durante los primeros años de su trayectoria siempre componía en inglés, pero poco a poco fue descubriendo que se sentía más cómoda con letras en castellano. Aún estaba Inglaterra, pero la morriña empezaba a pesar demasiado y finalmente volvió a España y se mudó a Madrid. El cambio de aires se hacía sentir en su música.

Con su tema ‘Rara’, empezó “una especie de terapia” que le hacía aprender algo de sí misma en cada canción. “Empecé a escribir para mi”, cuenta mientras una especie de orgullo le ilumina los ojos. Cuenta, que estos últimos cuatro temas que aún están por publicar, forman parte de un proceso de duelo amoroso. Pero, quizás, sea también el duelo de esa María que ya no está, o no del todo: “Cuando empecé a dar clases a niños y se enteraban que soy cantante, me pedían que les enseñara alguna de mis canciones. Pero no me salía, sentía que las que había publicado ya no me representaban.”

María Casals se ríe, aproximadamente, una vez por minuto. Es divertida, enamoradiza, amiga de sus amigas y complaciente. Procura que a su alrededor la gente se sienta a gusto, quizás por eso a veces le cuesta levantar la voz para defender lo que siente. “Me cuesta expresarme con palabras, me sale mejor con la música”, comenta. “Estar orgullosa de lo que hago es lo que más me ha costado. No es tan difícil hacer una canción, pero sí hacer una que te represente y de la que te sientas orgullosa. Hay tantas influencias y tanta gente va a opinar sobre lo que haces todo el rato…”. Pero las inseguridades pretende enterrarlas con esa Casals del pasado.

“Este 2024 va a ser EL año”, repetía como un mantra. Enero vino a confirmarle que no andaba muy desencaminada. Le llegó una interesante propuesta que no se esperaba y ahora es la voz de María Casals la que ameniza los descansos de los partidos del Atlético de Madrid en la sala VIP del Wanda Metropolitano. También canta en el coro madrileño de Laraland, en residencias de personas mayores y es difícil no encontrársela en las jams de la capital o haciendo cameos en shows de colegas, además de los suyos propios. “Estamos a miércoles y ya hecho siete conciertos”, confiesa, agotada. Después de pasar por bares, cafeterías y pubs, por tiendas de ropa y caterings, ha conseguido vivir de la música.

“María, ¿todavía te gustaría ser una estrella del pop?”. Estalla en carcajadas y mira de reojo. “¡Hombre claro!” Se pone seria. “Sí. Es un sueño. Pero es verdad que, ahora mismo no sabría qué cosas de mi estoy dispuesta a sacrificar. Si tuviera la oportunidad de un contrato grande igual me piden que haga cosas que no sean yo”, piensa en alto una María Casals que por fin siente haber encontrado su voz como artista después de muchas mudanzas y varios duelos.  “Es una línea, que no sabría que decisión tomar. Y ahora estoy contenta con lo que hago. Creo que prefiero ir construyendo poquito a poco”.