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¿Será la carne roja el nuevo tabaco?

Publicado el lunes, 2 de agosto de 2021

Pelayo Pastor

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No lo será. Aunque para algunos, ya lo es.

Es un hecho innegable que el consumo de carne ha aumentado a un ritmo loco en las últimas décadas. No solo la carne roja sino también la carne de ave o de cerdo (que se discute si es roja o blanca). Independientemente del color, el consumo de alimentos provenientes de los animales se ha incrementado hasta el punto de que el refranero español se queda obsoleto. El “cuando seas padre comerás huevos”, además de un evidente sesgo patriarcal que también debería ser anacrónico, hace referencia a épocas de carestía que, afortunadamente, casi no recordamos en muchos países de occidente. Por el contrario, la alimentación basada en la carne de las cadenas de comida rápida es un habitual de la dieta de muchas personas, sin hacer distingos en cuanto a su poder adquisitivo, o incluso más habitual en las personas con un nivel de ingresos no muy alto.

La carne, en las últimas décadas, se produce de forma mucho más barata y llega a casi todos los lugares gracias a la ganadería industrial, a la ganadería intensiva. Con esta forma de producción el costo es mucho más bajo (aunque la inversión necesaria para echar a andar una de estas granjas es millonaria). Esta modalidad de ganadería con animales estabulados que viven solo para su engorde en estas “factorías cárnicas” tiene un altísimo coste energético y, por tanto, ecológico. Pero gracias a esta forma de criar animales la carne puede llegar a millones de personas. Países superpoblados, en los que no hace muchos años la proteína animal era una excepción, hoy en día, con una occidentalización acelerada, han comenzado a consumir carne a un ritmo que la tradicional ganadería extensiva, esa en la que las vacas pastan en un prado, no puede satisfacer.

Al hilo de esta realidad, ya hace casi una década se pudo ver un documental llamado “Cowspiracy” en donde ponían el acento en lo contaminante que es el consumo de carne roja. Y lo es, sobre todo, en esas factorías cárnicas que son las granjas intensivas. Hace siglos, la gota era una enfermedad de reyes. Solo los pudientes tenían acceso regular a la carne. A comienzos del siglo pasado, por estas latitudes, la carne se consumía solo en domingo. El “Sunday roast” es una prueba de ello. La carne roja era una comida festiva, excepcional, pues criar una vaca de forma “natural” es una tarea larga y costosa. Necesita tiempo, espacio, recursos... Y el ritmo de consumo que tenemos hoy en día no se lleva bien con las esperas. Lo queremos casi todo y lo queremos ya.

Veganos y animalistas esgrimen razones de salud y éticas para no consumir carne, y a estas se une la sostenibilidad. Yo, que no soy nutricionista pero soy un conservador en lo antropológico, creo que el argumento de la salud no es una baza ganadora. Sin duda un consumo de carne excesivo no es bueno, como casi nada en exceso, pero también creo que una ausencia total de proteína animal en la dieta puede tener consecuencias a la larga nocivas. Y sin duda pienso que una alimentación humana sin animales puede dar lugar a escenarios más terroríficos, como a un mundo de proteínas sintéticas generadas en un laboratorio en donde los animales, sin “utilidad” para el hombre, pasarían a ser casi un recuerdo.

La cría intensiva de vacas, cerdos o gallinas simplemente para que podamos comer carne barata a diario no va a llevar a la sociedad a buen puerto.

Los animales no son personas. Esta perogrullada es necesaria porque cada vez más habitualmente me encuentro con opiniones de gente que habla de los sentimientos de los animales. Tecleo esto con mi perro aquí al lado, que es un miembro más de mi familia, y que sin duda tiene emociones: se alegra al ver la comida, se asusta con los fuegos artificiales, se apena cuando no estamos en casa...; pero no piensa en el futuro, no se frustra, no tiene sueños, ni anticipa sus miedos... Vivimos en una sociedad que, afortunadamente, cada vez más rechaza la violencia gratuita y tiende a ser más empática incluso con los animales, pero también creo que humanizar en exceso a los animales es un rasgo de sociedades decadentes. Siento si esto ofende a alguien. Dicho lo cual, sí estoy convencido de que la cría intensiva de vacas, cerdos o gallinas simplemente para que podamos comer carne barata a diario no va a llevar a la sociedad a buen puerto. Es necesario que los humanos tengamos anhelos, deseos y que no todo sea una gratificación instantánea, que cuando comamos carne sea una circunstancia especial, preciada, costosa, que haya una liturgia alrededor de una comida especial y que esos animales que ingerimos vivan su vida en unas condiciones que al menos no nos avergüencen.

No creo que la carne vaya a ser el nuevo tabaco, aunque ahora y en el futuro cercano vivamos una corriente persecutoria, con ciertos argumentos de peso, intentando conseguir una ultracorrección para revertir la situación de exceso de consumo actual. Lo que sí creo en cambio es que la carne será el nuevo marisco: más cara y con un consumo más esporádico. En general, deberíamos consumir menos y con mayor mesura, no solo la carne.


Esteban Provencio

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