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¿Será la carne roja el nuevo tabaco?

Publicado el lunes, 2 de agosto de 2021

Esteban Provencio

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Mi posición favorable para comenzar una “desescalada” en el consumo de carne roja se basa en dos factores que confluyen en uno: la salud, la nuestra como personas y la del planeta que habitamos en conjunto. Comenzaré por esta última. Imagínense a todos los automóviles, los trenes, los barcos y los aviones juntos emitiendo todos esos gases a la atmósfera un día sí y otro también. Es realmente lo que está pasando y es terrible. Poco a poco, muy poco a poco vamos tomando conciencia de ello. Pues bien, un informe de Greenpeace afirma que sólo la ganadería emite la misma cantidad de gases que todas esas máquinas transitando por nuestros cielos, nuestros mares, nuestras vías y carreteras. Concretamente el 14,5 por ciento de los gases de efecto invernadero proceden de la ganadería. Entre las emisiones se encuentran el metano y el óxido nitroso, dos gases mucho más perniciosos que el propio CO2. Sigue este informe de Greenpeace hablando de las emisiones directas, pero también habla de las indirectas que se derivan de una agricultura dependiente del petróleo, de los plaguicidas y los fertilizantes químicos.

El 14,5 por ciento de los gases de efecto invernadero proceden de la ganadería. Entre las emisiones se encuentran el metano y el óxido nitroso, dos gases mucho más perniciosos que el propio CO2.

Pero, ¿dónde se desarrolla mayormente esta ganadería tan contaminante ?, pues en suelos robados a los bosques. Siempre según la organización ecologista, el 80% de la deforestación de la Amazonía se atribuye a la actividad ganadera. ¡Ojo! Estamos hablando de ganadería industrial, esa que arrasa con todo porque busca suelos y siembras para su ganado.

Por si fuera poco hay muchas razones, muchas más razones, por las que el consume de la carne roja es perniciosa para el planeta. Y es que la mayor parte de la ganadería se centra en las especies con más éxito para el sistema y olvida al resto, con lo cual venimos sufriendo un pérdida de biodiversidad animal, de razas de ganado que están al borde de la extinción por este desaforado consumo de carne roja. Además este tipo de ganadería intensiva favorece un sistema de producción de grandes capitales, con lo cual deja a los pequeños productores al borde de la pobreza y subyugados al servilismo de los poderosos. También hay que reconocer que este tipo de ganadería es una rueda gigante devoradora de carne y generadora de grandes beneficios que no piensa, por tanto, en el bienestar de los animales. Cuanto más rápido se alimenten y más pronto se sacrifiquen, mejor.

He dejado para la última la que a mi juicio es la razón de más peso para ir eliminando paulatinamente el consumo de vacuno y de otras carnes y no es otra que el agua. Seguro que la habrán oído, pero no me resisto a repetirla: para producir un kilo de carne de vacuno son necesarios 15.000 litros de agua. El modelo, si pretendemos alimentar con carne a una población creciente en un mundo que se seca, es realmente insostenible... hay que buscar alternativas. Un par de apuntes más: para producir medio kilo de trigo se precisa 500 litros de agua y para medio kilo de lentejas, tan sólo 25.

Para producir un kilo de carne de vacuno son necesarios 15.000 litros de agua.

En cuanto a la salud de las personas... comencemos primero por una afirmación clara y rotunda. En España se consume más carne de la que deberíamos. Según Greenpeace nuestro país es ya el socio de la Unión Europea que más carne consume y eso tiene o, mejor dicho, tendrá consecuencias en el futuro. El excesivo consumo de carnes rojas puede provocar en nuestro organismo un aumento del colesterol y grasas saturadas, riesgo de diabetes, enfermedades cardiovasculares, gota o incluso cáncer. Los científicos apuntan por reducir y moderar el consumo de carne, aunque no eliminarlo. Échenle un vistazo, si quieren, a la web de la Fundación Española del Corazón. Lo primero que leerán al abrirla, les advierto, es lo siguiente: “Modera el consumo de carne roja”.

Garzón

El escritor de este artículo, Esteban Provencio, no es médico ni científico pero, bien que mal, ha tratado de documentarse para escribir este artículo. Quien lo lea podrá estar de acuerdo o no y será lo más normal del mundo en un sano ejercicio de libertad de expresión y opinión. Podría haber escrito esto un científico o un activista medioambiental, en cuyo caso las posiciones a favor o en contra podrían seguir siendo las mismas, por supuesto, esta vez tamizadas por el hecho de que serían uno o varios expertos quienes hubieran redactado el artículo. Pero, hete aquí que quien ha hecho estas declaraciones es un ministro y eso, en este país, no se perdona por parte de los que piensan diferente. He visto el vídeo de Garzón y me parece de lo más coherente, no creo que nadie tenga que sentirse ofendido. Está hablando de realidades científicas comprobadas. Y deberíamos hacerle caso... cambiar el modelo de ganadería y moderar paulatinamente el consumo de carne. Porque sí, con eso ayudará al planeta y estará contribuyendo a su salud. Y continúe con sus hábitos de vida porque, hay una cosa que no ha dicho Garzón y eso sí que lo hacemos bien. Y es que España es el país de la Unión Europea con mayor esperanza de vida. Ya lo dijeron los ingleses, si consumen tanta carne y son los que más viven, en algo estarán acertando.


Pelayo Pastor

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